JOAN BAEZ EN CONCIERTO, (notas de bolsillo)

En los días de mi niñez solía arrodillarme
junto a la casa de mi tía en el campo
por donde pasaba el ferrocarril
y arrancar de un tirón la hierba de la tierra
y desgarrar salvajemente sus raíces
y pasar las horas contando briznas
y en mis manos crecían manchas verduscas
mientras esperaba hasta que oía el ruido
de los vagones rodando cargados de hierro
los carriles chirriaban y yo me mordisqueaba el labio
y sostenía mi presa mientras gemía la sirena
agachándome cuando la locomotora gruñía
saludaba con la mano tímidamente al maquinista
y contaba los vagones mientras pasaban de largo
pero cuando el eco se desvanecía
y comprendía que el tren se había ido
era entonces cuando volvía los ojos
hacia mis manos con manchas verduscas
rayando mis palmas como si fuera sangre que dice que
yo la había tomado y no la devolvería
pero volviendo a mirar de soslayo el vacío trozo de terreno
donde la tierra había sido revuelta
y las raíces yacían muertas junto al árbol
diría "cómo puede esto preocuparme"
o "estoy seguro que la hierba me importa un bledo
en cualquier caso crecerá de nuevo y
además qué es un poco de hierba"
y restregaría mis manos para limpiar las manchas
y lanzaría una piedra sobre el carril
con el eco del tren
colgando pesadamente como una nube tronante
en el comienzo de una lluvia del día siguiente
y me pedí a mí mismo que fuera mi amigo
y anduve mi camino como un zorro asustado
y canté mi canción como un chico endemoniado
con un puntapié y una maldición
desde el vientre de mi madre.

En los años posteriores aunque todavía joven
mi cabeza osciló entre curvas sinuosas
y una confusa trayectoria retorcida y prolongada
dentro de los límites de mi juventud
hasta que por fin me apoyé tan lejos
de las murallas del mundo y de los juegos sin amigos
que no tuve palabra alguna que decir
a quien se encontró con mis ojos
y me encerré y perdí la llave
y permití que los símbolos tomaran cuerpo
y formaran un enemigo para combatirle
para que fustigaran mi lengua hasta sublevarla
y que me escupiera con fuerza palabras vomitadas
pero aprendí a escoger bien mis ídolos
para que fueran mi voz y contaran mi historia
y me ayudaran a luchar en mi irreal batalla
y mi primer ídolo fue Hank Williams
porque cantaba sobre el ferrocarril
y los barrotes de acero y el tableteo de las ruedas
dejando bien clara su autenticidad
y mi primer símbolo fue la palabra "hermoso"
porque los rieles del ferrocarril no eran hermosos
eran negros como el humo y sucios como los arroyuelos
y llenos de hedor y hollín y polvo
y yo juzgaría la belleza según esas reglas
y lo aceptaría sólo si era feo
y si podía tocarlo con las manos
porque sólo entonces entendería
y diría "sí, esto es real"
y recorrí mi camino y canté mi canción
como un payaso entristecido
en el circo de mi propio mundo.

Más tarde mis ídolos cayeron
porque comprendí que no eran más que hombres
y que tenían razones para sus actos
y que no eran las mías en modo alguno
y que no podía depender de ellos por más tiempo
pero lo que aprendí de cada dios olvidado
fue que el campo de batalla era únicamente mío
y que sólo yo podría arrojar mi piedra
y los símbolos que hasta entonces habían crecido
deformados pero con poderoso aspecto
fueron vistos a mi lado bajo un relieve más definido
y el símbolo "hermosura" todavía me revolvía las tripas
pero ahora con algo más que sonidos vergonzosos
y yo me rebelaba con doble fuerza y con diez veces más
orgullo y recorrí mi camino y canté mi canción
como un archicriminal que no hubiera hecho ningún mal
ni cometido ningún crimen pero que estuviera gritando a través
de los barrotes de la prisión de algún otro.

Más tarde aún en Nueva York
en mis propios términos dije fundadamente
"la única belleza está en las grietas y brocales
vestidos con mantos de polvo y mugre"
y la buscaba en cualquier agujero
y saltaba hacia adelante para encontrar su pecho
y susurraba melodías en su oído
y besaba su boca y agarraba su cintura
y me deslizaba alrededor de su cuerpo
y en su vientre me desmayaba
y como un ciego amante que alza el vuelo orgullosamente
gritaba desde el interior de mis heridas
"la voz que habla por mí y lo mío
es el ronco sonido del arroyo mugriento
porque eso es lo único que puedo tocar
y la única belleza que puedo sentir"
y me sumergía nuevamente por propia elección
para alimentar mi piel de agujeros hambrientos
y rechacé cualquier otro voz
y recorrí mi camino y canté mi canción
como un rey solitario
enfurecido en el jardín de la reina
con los ojos fijos en
una tumba poco profunda.

El tiempo continuó su marcha y las caras pasaron
y muchos pensamientos me fueron enseñados
por demasiados hombres y cabezas como para contarlos
que alcanzaron mi sendero y pronto se fueron
pero algunos se quedaron y llegaron a ser amigos
y aunque todos sean el primero y ninguno el mejor
en este momento hablo de uno
y en este momento hablo de uno
que me demostró que los muchachos siguen creciendo
una chica que encontré en un asunto de interés común
que como yo rasgueaba melodías tristes
con una "exquisita voz" así lo oí la primera vez
"bellísima" decía la gente
"maravillosos sonidos" escribieron los escritores
"odio esa clase de sonido" dije yo
"la única belleza es la fealdad amigo
los sonidos destellantes temblorosos y rotos son
la única belleza que entiendo"
así entre nuestras lenguas surgió una barrera
y aunque hablamos de los miedos del mundo
y nos reímos a carcajadas con los mismos chistes
y sostuvimos nuestros ojos fijos en el mismo lugar
cuando vi que ella se disponía a cantar
un muro de sordera veloz como una bala
se elevó como un cristal protector
junto a mis orejas
y hablé en voz alta al interior de mi cabeza
como una doble defensa contra los sonidos
"no hay voz como la voz fea
y las demás me importan un bledo
y si no puedo sentirlo con mis manos
entonces no pretendas que lo comprenda
pero esperaré hasta que tu canción haya terminado
porque hay algo en ti
aunque no sepa qué es"
y recorrí mi camino y canté mi canción
como un poeta asustado
caminando sobre la orilla
dando patadas a los maderos que bajan con mi sombra por
el río temerosa del mar.

Viajando sin prisa en un coche la oí hablar
de las horas de infancia que pasó
como una muchachita en tierra árabe
y me contó de los perros que vio
degollados en las calles
y aprendí cómo reía la gente
mientras golpeaban al dócil perro hasta matarle
a través de los ojos de una chiquilla que fracasó en su intento
de ocultar en su casa uno de aquellos perros
y volví la cabeza sin decir palabra
y miré fríamente la carretera
y con el viento golpeándome en la mejilla
el recuerdo me acercó mientras la autopista pasaba
aunque sólo fuera en un destello
a un pedazo de tierra sin hierba que murió
al mismo tiempo que un perro era ocultado
y aquél sentimiento de culpa creció otra vez
no por las raíces que yo arranqué
sino por ella que vio matar a los perros
y me dije suavemente
"deberías escuchar su voz...
quizás haya algo en su sonido...
pero en cualquier caso qué podría importarle a ella
mata esos pensamientos, no son buenos
sólo lo feo es comprensible"
saqué la cabeza fuera al viento
y dejé que la brisa se llevara las palabras
lejos de mi aliento mientras un camión rugió
al pasar a nuestro lado y casi nos sacó de la carretera
y en aquél momento no tuve ninguna canción que cantar.

En Woodstock en la casa de un pintor
con muchos amigos por toda la habitación
ella hablando desde una silla
y yo con las piernas cruzadas sobre la alfombra
encendí un cigarrillo y me reí
y tragué vino rosado y perdí
cada excitada vena que habitaba
en las raíces de mi saltarín corazón
y la habitación daba vueltas y giraba y se movía
sin ningún obstáculo que lo impidiera
cuando en un momento el aire silencioso
estalló saliendo libremente por su voz
sin aviso alguno de sus labios
y por instinto mi sangre empezó a circular al revés
y sentí una sacudida y empecé a deslizarme
hacia aquella pared que se suponía iba a caer
y mis descansados nervios no estaban inquietos ahora
y esta vez no saltarán
"deja que su voz resuene" gritaron
"estamos demasiado cansados para retener su canto"
y así hicieron saltar todas las reglas que me guiaban
y me dejaron perplejo y sin otra elección
que escuchar su voz
y cuando me recosté sobre mis desnudos codos
que débilmente levantaban mi cuerpo
sentí mi cara helarse hasta los huesos
y mi boca como hielo o roca sólida
no podría haberse movido aunque se lo hubiera pedido
y el tiempo flotó como terciopelo
hasta que con ansiedad gritó
"no dejes de cantar... canta de nuevo"
y como otros que me enseñaron mucho
no sobre ellos sino sobre mí mismo
ella se rió a carcajadas como si supiera
que todos los obstáculos entre nosotros se habían derrumbado
y reí casi como un loco
y dirigí mi risa hacia el techo
cuando comprendí la orden grité
y mis codos se doblaron bajo mi peso
y mi cabeza yació sobre el suelo
y mis excitados nervios empezaron a flotar libremente
y yo memoricé las palabras para volverlas a escribir
al amanecer del día siguiente
y sostuve estrechamente sueños no desafiantes
mientras perdía el conocimiento en el algún lugar de la noche-

No empecé a tocar
hasta que sentí finalmente lo que no estaba allí
oh que débil necio mezquino y triste de mi parte
pensar que la belleza
estaba únicamente en lo feo y sucio
cuando es una varita mágica
que agita y atormenta mi mente
y que sabe que sólo ella puede sentir
y sabe que no tengo oportunidad
y me engaña haciéndome pensar cosas tales
como que mis manos son quienes comprenden
ja ja cómo debe reírse
de los lisiados como yo que intentan
dejar a un lado los sonidos de los ríos
y apartar la furia de las olas
ah pero no me engañarás nunca más
porque la brisa que percibí en el aliento de una muchachita
demostró ser tan real como el sexo o la femineidad
y tan profundo como los hondos abismos de la muerte
y tan fuerte como los más débiles vientos que soplan
y tan grande como el destino y la paternidad
y como tambores de gitanos
y gongs chinos
y campanas catedralicias
y tañidos de campanas
abarcó himnos de misterio
y el misterio es demasiado intrincado
y no puede ser entendido o resuelto
por manos y pies y yemas de los dedos
y no debe ser llamado por un hombre vergonzoso
por aquellos que buscan respuestas simples
en todos los libros menos en ellos mismos
sigue adelante ese relámpago ríete de mí
luce tus dientes
date palmadas en las rodillas
es tu broma estoy de acuerdo
incluso me acuso a mí mismo
pero es una lástima he tardado tanto

Así que es invierno una vez más
y eso quiere decir que esperaré hasta la primavera
para volver vagabundeando al lugar en que me arrodillé
cuando escuché por primera vez el canto del tren minero
y arranqué la tierra de sus raíces
pero esta vez no usaré mi fuerza
empleando el tiempo en arrancar hierba de un tirón
mientras espero el sonido del tren
no, la próxima vez será un día diferente
porque el tren quizás esté allí cuando yo llegue
y quizá tenga que aguardar horas el paso de los vagones
y luego cuando el eco se apague
me pondré en cuclillas y contaré las briznas de hierba
pero ocurrirá que
en lugar de desgarrar la tierra
la acariciaré como a una amiga
y cuando el tren pase cerca
inclinaré la cabeza ante las grandes ruedas de metal
y diré "qué tal estás" al maquinista
y gritaré que Joanie le saluda
y veré al hombre del tren rascarse la cabeza
y preguntarse qué quise decir con eso
y me levantaré y recordaré aquél tiempo
en que un endemoniado muchacho arrojó una piedra
y recorreré mi camino hacia algún lugar entre
el verde invisible y el tren negro como el azabache
y cantaré mi canción como un indómito rebelde
porque eso soy yo y no puedo negarlo
pero al menos ahora sabré no herir
ni empujar
ni causar dolor
y Dios lo sabe... ni siquiera intentarlo.

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